viernes, 16 de octubre de 2009
miércoles, 7 de octubre de 2009
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Sigamos revisando los geniales dibujos de Silver
Trabajador, pero no muy estudioso
Comenzó sus estudios en el Instituto San José (hoy Colegio de la Salle) pero cuando falleció su padre se tuvo que trasladar al Liceo de Hombres. Como alumno de este establecimiento participó en un concurso donde resultó elegido el mejor dibujante, obteniendo una beca para estudiar en la Escuela Nacional de Artes Gráficas, desde donde egresó como litografista.
Comenzó trabajando en 1960 en medios de prensa, específicamente en “El Siglo”, de propiedad del Partido Comunista”, sin embargo al poco tiempo de comenzar a trabajar, le dijeron que tenía que firmar un registro que le significaba la militancia. En ese entonces, se desempeñaba también en los cines Nilo y Mayo, igualmente pertenecientes al Partido. La negativa frente a esta condición arrastró su despido y fue así como siguió viviendo de una de sus más grandes pasiones, el canto, que dejó sentir a través de melodías sus cuerdas en una boite santiaguina: “El Rincón Italiano”.
Luego, con Miguel Ortiz, amigo temuquense que al igual que él compartía la profesión de dibujante, formaron una agencia de publicidad en pleno centro de la capital, que con el tiempo se desvaneció entre sueldos, arriendos y teléfono. A esto le siguieron colaboraciones esporádicas en periódicos y diarios, hasta que finalmente en el año 1963 en un viaje a Temuco le solicitaron unos dibujitos humorísticos para la publicidad de una conocida tienda local, el resto vino por añadidura y fue así como Silver volvió a entregar sus “monos” a la tierra que lo vio nacer.
Más tarde – el 1 de marzo de 1963 – comenzó su incursión oficialmente en el Diario Austral de Temuco, medio donde se desempeñó hasta el fin de sus días. Como decía, “tranquilo y con agrado, porque hago lo que me gusta, esto es lo más encachado, aunque cuando recién empezaron a cambiar los antiguos sistemas por los computadores, me resistí bastante. Me costó cambiar los lápices, plumas y pinceles”.
Música y cine, como amores
La música estuvo presente en casi toda la vida de Silver y señalaba que su principal hobbie siempre fue cantar. “En Temuco tuve un trío que se llamaba “Los Caminantes” y después con uso amigos ferroviarios formamos un quinteto llamado “Pentagrama”, con los que cantábamos boleros y música tropical”. Esta afición se extendió asimismo por los siempre nostálgicos acordes que del bandoneón emanaban cada vez que interpretaba el tango, baile desde el cual provenía la frase que integro como parte de su visión de mundo: “la vida es un tango, pero hay que saber bailarlo”. A estas preferencias se sumaban la música clásica, especialmente la creada por compositores rusos como Tchaykowski y Korsakov y la música italiana.
Pero si de pasiones se trata, era sin duda el Séptimo Arte lo que más le conmovía. Tanto que cuando niño creo – tarro de leche, lupa y ampolleta en mano – un ingenioso proyector con el que aumentaba una tira de dibujos hechos en papel mantequilla por él mismo. Pero como nada en este mundo es gratis, cobraba un peso por exhibir “la película y con lo que lograba juntar financiaba su entrada para el cine, de verdad.
El gusto cinematográfico se siguió manifestando y se fue canalizando especialmente a través de comedias musicales y protagonistas como Ginger Rogers, Fred Astaire y Gene Nelly. Claro que si hablamos de personajes resulta imposible dejar fuera a Tarzán, Cantinflas y Chaplin, puesto que de ellos poseía una completísima colección fílmica adquirida en Santiago.
El juego del circo
Cuando niño, Silver tenía dos sueños relacionados con el circo: ser payaso o trapecista, razón que, de adulto, lo llevaba de vez en cuando a disfrazarse de tony en su casa, tal como lo hacía en las antiguas fiestas de la Primavera que se realizaban en Temuco.
La imaginación y la creatividad fueron siempre de la mano de Silver, “cuando era chico mi juego preferido era hacer circos. Un paraguas representaba la carpa y los personajes los fabricaba yo mismo con trozos de cartón entonces me tiraba en el suelo y hacía las funciones imitando al señor Corales y los rugidos de los leones. Con un camión de madera que tenía recorría el patio anunciando “el circo”. Aunque no se consideraba un buen estudiante, quedaba claro que sus cuadernos tenían otros fines: dibujar, situación que le valió ganarse unos cuantos coscorrones maternos. Pero la vocación era más fuerte e hizo de los trazos su profesión.
El italiano que lleva dentro
Según averiguaciones de Silver, su apellido paterno provenía de Italia. Es quizás esto lo que motivó su predilección por la música, el idioma y costumbres de ese país. Su conocimiento de la lengua le sirvió para ser protagonista de una singular anécdota: “me encontraba trabajando en la noche cuando se supo la noticia que había fallecido un Papa. Llegaron muchas crónicas, pero todas venían en italiano y había que traducirlas, entonces alguien dijo “parece que Silver sabe algo de italiano”. Algunos se rieron. Me trajeron los extos, los traduje y El Diario Austral fue el único medio de Chile que sacó al día siguiente la exclusiva.”
Comenzó sus estudios en el Instituto San José (hoy Colegio de la Salle) pero cuando falleció su padre se tuvo que trasladar al Liceo de Hombres. Como alumno de este establecimiento participó en un concurso donde resultó elegido el mejor dibujante, obteniendo una beca para estudiar en la Escuela Nacional de Artes Gráficas, desde donde egresó como litografista.
Comenzó trabajando en 1960 en medios de prensa, específicamente en “El Siglo”, de propiedad del Partido Comunista”, sin embargo al poco tiempo de comenzar a trabajar, le dijeron que tenía que firmar un registro que le significaba la militancia. En ese entonces, se desempeñaba también en los cines Nilo y Mayo, igualmente pertenecientes al Partido. La negativa frente a esta condición arrastró su despido y fue así como siguió viviendo de una de sus más grandes pasiones, el canto, que dejó sentir a través de melodías sus cuerdas en una boite santiaguina: “El Rincón Italiano”.
Luego, con Miguel Ortiz, amigo temuquense que al igual que él compartía la profesión de dibujante, formaron una agencia de publicidad en pleno centro de la capital, que con el tiempo se desvaneció entre sueldos, arriendos y teléfono. A esto le siguieron colaboraciones esporádicas en periódicos y diarios, hasta que finalmente en el año 1963 en un viaje a Temuco le solicitaron unos dibujitos humorísticos para la publicidad de una conocida tienda local, el resto vino por añadidura y fue así como Silver volvió a entregar sus “monos” a la tierra que lo vio nacer.
Más tarde – el 1 de marzo de 1963 – comenzó su incursión oficialmente en el Diario Austral de Temuco, medio donde se desempeñó hasta el fin de sus días. Como decía, “tranquilo y con agrado, porque hago lo que me gusta, esto es lo más encachado, aunque cuando recién empezaron a cambiar los antiguos sistemas por los computadores, me resistí bastante. Me costó cambiar los lápices, plumas y pinceles”.
Música y cine, como amores
La música estuvo presente en casi toda la vida de Silver y señalaba que su principal hobbie siempre fue cantar. “En Temuco tuve un trío que se llamaba “Los Caminantes” y después con uso amigos ferroviarios formamos un quinteto llamado “Pentagrama”, con los que cantábamos boleros y música tropical”. Esta afición se extendió asimismo por los siempre nostálgicos acordes que del bandoneón emanaban cada vez que interpretaba el tango, baile desde el cual provenía la frase que integro como parte de su visión de mundo: “la vida es un tango, pero hay que saber bailarlo”. A estas preferencias se sumaban la música clásica, especialmente la creada por compositores rusos como Tchaykowski y Korsakov y la música italiana.
Pero si de pasiones se trata, era sin duda el Séptimo Arte lo que más le conmovía. Tanto que cuando niño creo – tarro de leche, lupa y ampolleta en mano – un ingenioso proyector con el que aumentaba una tira de dibujos hechos en papel mantequilla por él mismo. Pero como nada en este mundo es gratis, cobraba un peso por exhibir “la película y con lo que lograba juntar financiaba su entrada para el cine, de verdad.
El gusto cinematográfico se siguió manifestando y se fue canalizando especialmente a través de comedias musicales y protagonistas como Ginger Rogers, Fred Astaire y Gene Nelly. Claro que si hablamos de personajes resulta imposible dejar fuera a Tarzán, Cantinflas y Chaplin, puesto que de ellos poseía una completísima colección fílmica adquirida en Santiago.
El juego del circo
Cuando niño, Silver tenía dos sueños relacionados con el circo: ser payaso o trapecista, razón que, de adulto, lo llevaba de vez en cuando a disfrazarse de tony en su casa, tal como lo hacía en las antiguas fiestas de la Primavera que se realizaban en Temuco.
La imaginación y la creatividad fueron siempre de la mano de Silver, “cuando era chico mi juego preferido era hacer circos. Un paraguas representaba la carpa y los personajes los fabricaba yo mismo con trozos de cartón entonces me tiraba en el suelo y hacía las funciones imitando al señor Corales y los rugidos de los leones. Con un camión de madera que tenía recorría el patio anunciando “el circo”. Aunque no se consideraba un buen estudiante, quedaba claro que sus cuadernos tenían otros fines: dibujar, situación que le valió ganarse unos cuantos coscorrones maternos. Pero la vocación era más fuerte e hizo de los trazos su profesión.
El italiano que lleva dentro
Según averiguaciones de Silver, su apellido paterno provenía de Italia. Es quizás esto lo que motivó su predilección por la música, el idioma y costumbres de ese país. Su conocimiento de la lengua le sirvió para ser protagonista de una singular anécdota: “me encontraba trabajando en la noche cuando se supo la noticia que había fallecido un Papa. Llegaron muchas crónicas, pero todas venían en italiano y había que traducirlas, entonces alguien dijo “parece que Silver sabe algo de italiano”. Algunos se rieron. Me trajeron los extos, los traduje y El Diario Austral fue el único medio de Chile que sacó al día siguiente la exclusiva.”
martes, 25 de agosto de 2009
Historia de Silvestre Luarte Vásquez
SILVESTRE LUARTE VASQUEZ
Ordenado, bondadoso y amante de la bohemia “de esas que existía antes en Temuco”, definía Silvestre Luarte Vásquez, más conocido como Silver, su forma de ser.
El más “hermoso” de tres hermanos e hijo “sándwich” del matrimonio compuesto por don Silvestre Luarte y doña Ana María Vásquez, nació en Temuco, el 28 de julio de 1939, “terremotiao” según su madre, quien le decía que en realidad nació el tres de marzo y le regalaron tres meses. “Lo bueno de esto es que me voy a morir tres mese después”, señalaba risueñamente.
Su padre nació en Ninhue, cerca de San Agustín de Puñual – desde donde aseguraba – “proviene la pelada que lo caracterizaba y que se repitió en mí”.
Su mamá es originaria de Nehuentúe, localidad cercana a Puerto Saavedra, y se negó, por lo mismo, a ponerle un nombre mapuche, que a su padre tanto le gustaban.
La familia
Como buen amante de la bohemia, Silver fue bastante reacio al matrimonio, pero un buen día conoció a Nelly Aravena, y luego de mucho insistir se casó con ella. La primera cita fue de lo más galante, las siguientes bastante tramitadas, ya que la fama de mujeriego que le atribuían “las malas lenguas” hacía desconfiar a la que sería su esposa. Con cariño recuerda el día en que se conocieron: “a mí me la presentó un matrimonio amigo y el día que nos conocimos ambos estábamos muy nerviosos. Fue el día antes de su cumpleaños, el 26 de julio, entonces en la noche, los amigos la invitaron a cenar a ella y para que no fuera sola me invitaron a mí, pero me dijeron que tenía que portarme bien, porque como era medio lanzadito... En la noche, cuando dieron las doce, yo pedí a la orquesta del Club Alemán que la saludara y tocara “El día que me quieras” y yo me paré y canté”. De esto han pasado más de veinte años ya. Luego llegó Rossana, su hija quien estudia Relaciones Públicas, y que aseguraba, era el retrato de él.
Ordenado, bondadoso y amante de la bohemia “de esas que existía antes en Temuco”, definía Silvestre Luarte Vásquez, más conocido como Silver, su forma de ser.
El más “hermoso” de tres hermanos e hijo “sándwich” del matrimonio compuesto por don Silvestre Luarte y doña Ana María Vásquez, nació en Temuco, el 28 de julio de 1939, “terremotiao” según su madre, quien le decía que en realidad nació el tres de marzo y le regalaron tres meses. “Lo bueno de esto es que me voy a morir tres mese después”, señalaba risueñamente.
Su padre nació en Ninhue, cerca de San Agustín de Puñual – desde donde aseguraba – “proviene la pelada que lo caracterizaba y que se repitió en mí”.
Su mamá es originaria de Nehuentúe, localidad cercana a Puerto Saavedra, y se negó, por lo mismo, a ponerle un nombre mapuche, que a su padre tanto le gustaban.
La familia
Como buen amante de la bohemia, Silver fue bastante reacio al matrimonio, pero un buen día conoció a Nelly Aravena, y luego de mucho insistir se casó con ella. La primera cita fue de lo más galante, las siguientes bastante tramitadas, ya que la fama de mujeriego que le atribuían “las malas lenguas” hacía desconfiar a la que sería su esposa. Con cariño recuerda el día en que se conocieron: “a mí me la presentó un matrimonio amigo y el día que nos conocimos ambos estábamos muy nerviosos. Fue el día antes de su cumpleaños, el 26 de julio, entonces en la noche, los amigos la invitaron a cenar a ella y para que no fuera sola me invitaron a mí, pero me dijeron que tenía que portarme bien, porque como era medio lanzadito... En la noche, cuando dieron las doce, yo pedí a la orquesta del Club Alemán que la saludara y tocara “El día que me quieras” y yo me paré y canté”. De esto han pasado más de veinte años ya. Luego llegó Rossana, su hija quien estudia Relaciones Públicas, y que aseguraba, era el retrato de él.
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